La historia de la danzarina
Me llamaron a altas horas de la madrugada.
Parece ser que la bailarina La rosamaríaverde
se había escapado del marco en el que estaba colgada. Forma parte de la
colección de obras pictóricas que expongo en la librería del café Sar Alejandría. Hasta el mediodía de hoy no hemos logrado
localizarla. La danzarina se había refugiado entre las páginas de mi libro: Villa Victoria, los lenguajes callados.
Por respeto a sus más íntimos sentimientos no he querido averiguar entre qué
paginas ha preferido convivir. El bullicio de las letras irá amenizando su
estancia. Confieso que me he sentido emocionado por su elección. Quizás haya
buscado algún rasgo que se asemeje a su naturaleza o tal vez, seducida por el
poso donde columbraba el genuino espíritu que me llevaría a materializarla,
tanto tempo después…
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